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Aquí nomás, perdiendo el tiempo en el aeropuerto

Un día desperdiciado. O al menos así lo siento. Tuve que viajar al DF en viernes para participar en un congreso (¡¿a quién se le ocurre ir al DF en viernes?!). Como nuestra empresa va dirigida al público para el cual se creó el congreso, pues había que estar ahí.

Malísimo el evento.
Mucho más chico de lo que creímos. El resto de los stands muy peculiares. Poca participación.
La palabra emprendedor está de moda. El “entrepreneurship” lo asociamos con una especie de glamour. Hay empresas que los reconocen con premios, revistas que los destacan como los millonarios y creadores del futuro, programas de gobierno para darles dinero. Y claro, Shark Tank.
Pero aquí ando en la terminal 1 del aeropuerto del DF, en viernes, buscando un rincón para sentarme porque ya están ocupadas todas las sillas. Y ya me di cuenta que mi vuelo va a salir tarde.
Estoy cansado.
Saber que desperdicié un día me mata. Invertimos dinero y esfuerzo, que no tengo muy claro cómo lo voy a recuperar.
Desperdiciar días. Como emprendedor he tenido dos grandes enemigos. Claro, hay muchísimos obstáculos y problemas a superar. Incontables. Pero hay DOS enemigos principales, y uno de ellos es el tiempo (el segundo, mi propia psicología; ese lo platicamos luego).
El tiempo está en mi contra. Para el emprendedor hay pocas cosas peores que tu cliente potencial te posponga una reunión. Que te des cuenta que, quizás como se tratar de una empresa enorme, con muchos niveles de burocracia, necesitan (¡o se les antoja!) posponer la siguiente reunión por una causa poco relevante. A ellos no les afecta, pero a ti te puede matar.
Pero por lo pronto, aquí seguimos. Tratando de aprovechar el tiempo.

¡Y finalmente encontré una silla vacía!

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